Querido Tyler,

Querido Tyler,
Recuerdo el día que te escuché por la radio la primera vez. Bastard, era el título del álbum, Lo supé desde el primer instante, detrás de esa fachada retumbaban con cada nota ecos de un rebelde polémico. Eras crudo, odiaste la propia existencia; eras desafiante, dándotelas de esquizofrénico bocón. Alucinando en la esfera pública. La fama no supo manejarte porque eras lejano a tu esencia polarizante, como aceite mezclado con el agua de la vida. Eras de vigorizante juventud, pero tan difícil y complejo de carácter, de siquiera entender.
Pasaron los años, comencé a verte caras nuevas. El chico macizo se ablandó como fina seda. De matón a bisexual vulnerable —que encima estaba conflictuado por amores triangulares. Tu faceta por los jardines de infinitos girasoles te cambiaron, y la máscara se partió en ocho pedazos, ocho narrativas, seres, estéticas y sonidos inequívocamente únicos. Decías en entrevistas que antes odiabas a todo ser vivo, ahora ¿lo cuestionas? Permíteme entender... ¿Te ocultabas en el limbo de las máscaras o verdaderamente madurabas?
¿Y si eres un todo y a la vez nada? Seducido en los álteregos de Wolf, Igor o Cherry, ¡pero eso de qué!, algunos alababan tu recursividad, pero yo siempre supe la verdad; dolido, rabioso por míseras preguntas: ¿Quién eres? ¿Qué carajos te define? Tal vez comprendiste que eres un espejo visceralmente roto, cargando con aquello que te fractura el alma. Y son los fragmentos, los puntiagudos satanases de tu consciencia, los que te hacen “auténtico”. Tú eres un auténtico ciclón, irrepetible y voraz. La música te abrazó cálidamente, como si de padre ausente a hijo se tratara; y ahora, abarcas esta caótica sinfonía, arrolladora en una y múltiples identidades. Eres tanto para interpretar en un solo cuerpo.
¡Oh, Tyler! Turbulento es tu ser, único en tu especie y taxón, y es precisamente esta singularidad la que desprende en mí una desbordante locura.
Te envía abrazos tu admirador eterno, el que te envuelve entre las cortinillas del alma, ese que no logras divisar, pero que te estremece en las sombras de tus pesadillas.



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