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El clásico melómano del desamor

Foto del escritor: Greg Arciniegas
Greg Arciniegas
23 oct 2025
6 min de lectura
Créditos a Moss Head 
Créditos a Moss Head 

I don't know what's harder, letting go or just being okay with it 

— Tyler, The Creator 

 

Recuerdo docenas de cálidas tardes, en un ya lejano 2019, en donde el mejor pasatiempo para un pelado de catorce años y su hermano era deleitarse con cualquier canción que La X pusiera en su horario diurno. Fue en una de esas tantas veces de esperar dentro del vehículo de mi padre cuando la escuché por primera vez. Es difícil describir la lógica de pensamiento o siquiera la sensación, pero por decir poco: fue cautivador, como si esa mágica melodía me endulzara el oído. Tal vez fue de las primeras veces en que se me erizó cada centímetro de piel. Con solo 3 minutos de duración, sintetizadores cargados con profundas capas de voces angelicales y un piano detrás que parecía manifestar la imploración de un corazón quebrantado, EARFQUAKE, fue suficiente para despertar en mí una insaciable curiosidad por descubrir la historia detrás de IGOR y el arte de Tyler, The Creator.  

 

Sobra decir, que a esta pieza de arte le debo todo, porque fue mi adoctrinación al complejo de melómano. 

 

Han pasado seis años, y sigo creyendo que este álbum ha envejecido como uno de los clásicos contemporáneos, no solo por su experimentación de estilo y disrupción en la vanguardia pop, sino también en lo que respecta su narrativa conceptual. Porque, ante todo, Tyler, nos antepone a una experiencia sonora que reboza de humanidad, introspección y reflexión. En donde su hilo conductor, un triángulo amoroso frustrado, recuerda una de las grandes verdades de la vida: en el amor también se sufre, se ama hasta la locura, se combate a uno mismo y se aprende a olvidar. Demostrando, de igual manera, todo un abanico de emociones; iniciando desde el amor obsesivo, transformado en rabia, desencadenado una desesperación absoluta, para terminar solemnemente en la melancolía del olvido y la aceptación (cargada de un duelo marchito) de haber amado sin reciprocidad alguna. Así, cada melodía del repertorio discográfico es precisamente un viaje, un relato, que mano a mano, es desenvuelto por el artista. Precisamente, IGOR no solo tiene un matiz anecdótico, atesora también un matiz del amor, ese que es trágicamente universal e intrínseco a nuestra naturaleza humana. 

 

 Horas antes del lanzamiento, Tyler publicó en sus redes sociales un breve manifiesto relacionado con el significado del álbum. En este, no pretendía dar explicaciones o confabular al oyente. Al contrario, comentaba como el proceso creativo fue una terapia para él, que no solo era reconfortante para su vida, sino que también invitaba al oyente a interpretarlo a su propio ritmo, calidad y gusto. Así pues, debo partir de este principio para entender quién es Igor, el manto que adopta Tyler para lidiar con la narrativa sobrepuesta sobre el proyecto.  

Con una entrada explosiva, cargada por un sintetizador abrumador que desenreda el silencio, Igor es el alter ego que más se hace distinguir por su sensibilidad y pasión. Con su icónica peluca de tazón, lentes oscuros que ocultan sus llantos y trajes color pastel, Igor nos narra a lo largo del álbum sus impulsos y deseos más pasionales frente al impuesto triángulo amoroso. Es impulsivo, agresivo y pragmático frente al amor. Porque no solo disfruta del mismo, le obsesiona, le carcome el dolor y le lleva a deteriorar su sanidad mental hasta el borde de la locura. 

 

EARFQUAKE y I THINK, son las ejemplificaciones perfectas. Canciones donde su obsesión más palpada se siente. Partiendo de ese primer flechazo, la tierra y su alrededor se derrumba a los pies del pobre Igor al pensar en su amado. Su corazón le grita que no desfallezca por su amor y le implora a su pareja no irse nunca, porque él, se ha enamorado de todo lo que su pretendiente representa. Su olor, su risa, su mirada y su esencia dejan a merced total a su humilde servidor.  

 

Esta idea se desarrolla con más efervescencia en el track: PUPPET. Tras caer en cuenta que la relación entre el chico y la tercera implicada parece florecer, Igor llega a la terrible conclusión de que ellos son peligrosos y nocivos para su bienestar. Tanto así, que está dispuesto a terminarla a cualquier costo, sea con la empuñadora de una pistola, o incluso peor, convirtiéndose en el juguete personal del chico. Como un objeto inanimado: sin vida, sin juicio y a total merced de un titiritero que poco le importa esta marioneta. Igor desciende abismo mental de la locura, sin opciones ni recursos, el melódico interludio distingue esa sensación con cada sintetizador, exclamando con cada tono más bajo, paso por paso, el dolor incesante y más profundo que ha de lidiar; un amor tóxico y desenfrenado.  

 

Aunque no todo está perdido para el pragmático tortolito.  Parece que con el tiempo se reconcilia consigo mismo y su estimado. Entendiendo el rechazo y la falta de correspondencia como un último adiós al amor. Igor no quiere volver a amar ni sufrir. Quizá, una conjetura radical, pero cargada con un profundo agradecimiento. GONE GONE/ THANK YOU es eso, una carta de despedida, escrita entre los más profundos lamentos, marcada por la nostalgia y la poca belleza que engendró su relación. Es aquí en donde más frágil y vulnerable se percibe a Tyler. Cargado y arrepentido por lo que pudo ser y no fue, atormentado por adivinar un cierre que ni el destino ni las consecuencias de sus actos le ofrecieron. Absorto en una profunda resignación que ni la melodía logra apaciguar. 

 

Sin duda, el concepto de por sí ya da mucho pie para pensar, pero es también la producción y la musicalización la que lo hace tan icónico y de tanta riqueza. Ya en mi cincuentava escucha, veo evidente que el álbum recoge influencias directas del soul y el R&B, —plasmadas, por ejemplo, en los coros y adlibs del legendario Charlie Wilson— y recayendo con fuerza y precisión con sintetizadores que invocan a grandes de los 70s como Funkadelic y Stevie Wonder. De igual manera, lo más interesante es que a pesar de estas influencias, este es un récord ecléctico. No es estándar ni encasillable en el espectro musical del pop convencional o el rap. Reúne varios elementos de estos como en la estructura rítmica, las complejidades en la percusión y el performance del artista, pero nunca es estática su composición a lo largo de las doce canciones. Y, considero que, este es un hito que solo es posible lograr con una instrumentación que directamente recoge y manifiesta la voluntad del artista. Porque en IGOR, uno de sus puntos más altos es la capacidad que tienen las melodías de exteriorizar y complementar las emociones más profundas y complejas que experimentó la mente detrás del estéreo. En este sentido, la producción musical no pasa a un segundo plano, al contrario, es el catalizador mismo del concepto y una profusa enunciación de que la música es la terapia, el desahogo, y también, es el dolor transformado a una pieza de arte que es digna de reflexión y admiración. 

 

Así pues, veo en este disco una divagación misma a la naturaleza humana, ¿por qué amamos sin fondo ni propósito?, ¿será el amor, la perdición o la salvación a nuestra existencia? Realmente, ni Igor ni yo lo sabemos con certeza, pero lo importante retumba con el hecho de planteárselo, al ser un sentimiento inequívocamente universal.  

 

Quizá, (y es curioso y a la vez paradójico) yo no he amado profusamente, pero al ponerme los audífonos y exclamarle, gritarle, bailarle a las paredes de mi habitación, la desesperación de cada segundo reproducido, puedo hacerme una vívida idea de lo que se siente. La encarnación misma del deseo, de la pasión y del dolor. Si tuviera que remitirlo a sensaciones, este disco sería dulce como el helado y visceral como el tajo de una herida abierta.  Porque a fin de cuentas, qué más humano que sufrir, reconocer y superar por una obra tan sagrada como el amor.  

 

Para ese pelado de 14 años que recién descubría el arte de contemplar y diseccionar la música, esta pieza, incisa a su futura identidad, fue una relevación que rozó con lo espiritual y lo divino. Una nueva perspectiva a la complejidad de las relaciones humanas y un punto de partida para reflexionar sobre lo que verdaderamente prima en nuestra corta existencia: amar y sufrir por hacerlo sanamente. Un acto puro y duro de transformación. 

 

 
 
 

1 comentario


María Juliana Duque Sandoval
María Juliana Duque Sandoval
24 oct 2025

Fantástico Greg!!!!

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